Impermanencia
La presente colección se despliega como un umbral contemplativo donde la fotografía no retiene la materia, sino que testifica su tránsito hacia el olvido.
A través de cuatro estaciones visuales, las piezas operan como una incubadora de realidades suspendidas que nos confronta con la belleza de lo inacabado. Aquí, el tiempo no es una medida lineal, sino un flujo constante donde las formas nacen, se transforman y se disuelven ante nuestra mirada, recordándonos que todos los acontecimientos físicos y mentales son objetos compuestos en un continuo cambio de condición.
Las primeras composiciones nos introducen a la violencia silenciosa del quiebre. Un monolito mineral, denso y oscuro, se sostiene suspendido en el instante preciso de su colapso, fracturado por una línea de aire que desafía su gravedad. A su lado, un bloque de madera desgarrado en su centro expone la vulnerabilidad de lo corpóreo. Estas estructuras encarnan la decadencia como una propiedad intrínseca de lo existente: son testimonios de que toda solidez es aparente y de que la materia debe desprenderse de sí misma para poder continuar su curso.
El discurso visual se eleva hacia una dimensión espiritual en la pieza que evoca la filosofía japonesa del Ensō. Un círculo modelado por un rosal espinoso renuncia a cerrarse por completo; es justamente esa unión imperfecta, ese umbral abierto, lo que dota a la obra de una profunda humanidad. Las espinas protegen la fragilidad de una naturaleza orgánica que rechaza la simetría artificial, mientras que los pétalos caídos en la base representan el desapego absoluto: el tiempo que ya pasó y que no se repetirá jamás.
Esta transición culmina en la pieza dedicada a la Unidad, un ejercicio abstracto donde el vacío se revela como una cualidad activa del existir. Lejos de significar la nada, este espacio respira bajo un perfecto equilibrio y control. Mientras un punto suspendido condensa la esencia del ser, la ceniza dispersa en el suelo manifiesta la materia pasada; un residuo sagrado que la obra ha dejado ir para dar paso a la evolución. No somos espectadores ante estas imágenes, sino testigos de un fenómeno evanescente que, al mostrarnos su propia finitud, nos devuelve una mirada descarnada sobre nuestra transitoria existencia.
Omar Torres
2025
Impermanence
This collection unfolds as a contemplative threshold where photography doesn’t retain matter, but rather bears witness to its passage into oblivion.
Through four visual stations, the pieces operate as an incubator of suspended realities, confronting us with the beauty of the unfinished. Here, time is not a linear measure, but a constant flow where forms are born, transform, and dissolve before our eyes, reminding us that all physical and mental events are composite objects in a continuous state of flux.
The first compositions introduce us to the silent violence of rupture. A dense, dark mineral monolith hangs suspended at the precise moment of its collapse, fractured by a line of air that defies gravity. Beside it, a block of wood, torn at its center, exposes the vulnerability of the corporeal. These structures embody decay as an intrinsic property of existence: they are testaments to the fact that all solidity is apparent and that matter must shed itself in order to continue its course.
The visual discourse rises to a spiritual dimension in the piece that evokes the Japanese philosophy of Enso. A circle shaped by a thorny rosebush refuses to close completely; it is precisely this imperfect union, this open threshold, that endows the work with a profound humanity. The thorns protect the fragility of an organic nature that rejects artificial symmetry, while the petals fallen at the base represent absolute detachment: time that has already passed and will never be repeated.
This transition culminates in the piece dedicated to Unity, an abstract exercise where emptiness is revealed as an active quality of existence. Far from signifying nothingness, this space breathes under perfect balance and control. While a suspended point condenses the essence of being, the ash scattered on the ground manifests past matter; A sacred residue that the work has let go of to make way for evolution. We are not spectators before these images, but witnesses to an evanescent phenomenon that, by showing us its own finitude, returns to us a stark reflection on our transient existence.
Omar Torres
2025
